Quiso evitarlo. Se rehusó muchas veces aún cuando la nostalgia lo asaltó en cada página. Trató de impedirlo con toda sus fuerzas, pero apenas cerró el libro se acordó de ella. Le había ocurrido lo mismo con otras historias, sin embargo esa avalancha de recuerdos resultó ser la peor. Fue hacia al ordenador y buscó alguna foto entre sus archivos. No la encontró. Ni rastro de esa niña a quien alguna vez quiso tanto. Empezó a necesitarla. Husmeó dentro de las páginas sociales de Internet pero en ninguna apareció como parte de su entorno. ¡Mierda! La necesitaba tanto que decidió escribirle un mensaje. Abrió nuevamente el libro del genio argentino que acababa de leer y transcribió:
“No importa dónde estés, Maldita Bruja, no importa lo que hayas hecho, no importa para qué, llámame cuando me necesites. Me gustaría saber que todavía sientes algo de no sé qué por mí, me gustaría subirme a una carretera y que seas tú el sitio a dónde voy. Llámame cuando me necesites. Pero necesítame pronto.”
















